UN POCO DE CIENCIA
Monday, September 25, 2006
Tuesday, September 19, 2006
Choque de naves espaciales contra la luna
Las primeras naves espaciales suicidas de la NASA fueron los Rangers, construidos y lanzados a principios de la década de los 60. En cinco ocasiones, estas naves espaciales de tamaño comparable al de un automóvil, se precipitaron contra la Luna al tiempo que sus cámaras tomaban fotografías durante todo el trayecto de bajada. Estas cámaras capturaron las primeras imágenes detalladas de cráteres lunares, posteriormente de rocas y suelo, y después, la nada. La información transmitida de regreso a la Tierra acerca de la superficie lunar fue crucial para el éxito de posteriores misiones Apolo.
Sin embargo, aún después de que la NASA dominara los alunizajes suaves, los choques contra la Luna continuaron. Al final de la década de los 60 y principios de los 70, la oficina del centro de control guiaba regularmente los aceleradores del enorme cohete Saturno hacia la Luna, para hacer que el suelo vibrase y que los sismómetros de la nave Apolo lo percibieran. Se dieron cuenta de que chocar una nave resultaba mucho más fácil que orbitar nuestro satélite. Los desiguales campos magnéticos de la Luna tiran con fuerza de los satélites en formas por demás extrañas, y sin frecuentes correcciones en su curso, los orbitadores suelen virar hacia el suelo. Fue así que la Luna se convirtió en un conveniente cementerio para viejas naves espaciales. Los cinco Orbitadores Lunares de la NASA (1966-1972), cuatro de las sondas lunares soviéticas (1959-1965), dos sub-satélites Apolo (1970-1971), la nave espacial japonesa Hiten (1993) y la sonda Lunar Prospector de la NASA (1999), terminaron en cráteres creados por sí mismos.
De regreso al futuro
Toda esta experiencia será útil muy pronto. Los investigadores de la NASA cuentan con un temerario plan para encontrar agua en la Luna, y lo harán —como es de suponerse— chocando naves contra la Luna. El nombre de la misión es LCROSS, abreviatura de Lunar CRater Observation and Sensing (Satélite de Observación y Detección de Cráter Lunar). El líder de la misión, Tony Colaprete del Centro de Investigación Ames de la NASA, explica cómo va a funcionar:
http://www.blogger.com/posts.g?blogID=34699110
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Centinelas Solares
En su libro Espacio (Space) (1970), James Michener describió una misión ficticia del Apolo en la que su tripulación pereció debido a la radiación de una masiva llamarada solar. La historia se basa en lo que podría haber sucedido de haber corrido con menos suerte: de hecho, una intensa llamarada ocurrió el 7 de agosto de 1972, justo entre las misiones Apolo 16 (abril) y Apolo 17 (diciembre), el último viaje de la humanidad hacia la Luna.
El evento aún resuena en la actualidad. La NASA se está preparando para enviar astronautas de nuevo a la Luna e incluso en viajes más largos a Marte. Con la tripulación "en el espacio" durante largos periodos de tiempo, "la probabilidad de encontrarse con una tormenta aumenta demasiado", comenta David Hathaway, físico solar en el Centro Espacial Marshall de la NASA.
"La opinión de los expertos sobre la llamarada de agosto de 1972 es de que la tripulación sobre la superficie lunar se hubiera enfermado de gravedad". O peor, pues el Dr. Lawrence Townsend de la Universidad de Tennessee y sus colegas calculan que las partículas de energía que provienen de una súper llamarada solar, como la registrada por Sir Richard Carrington en septiembre de 1859, podrían ser fatales.
No solo están en riesgo los humanos. La moderna electrónica en miniatura es mucho más susceptible a los daños por radiación que sus predecesores de hace 40 años. Un ejemplo reciente: la sonda japonesa Nozomi Mars fue incapacitada por un evento con intensas partículas energizadas que provienen del Sol, en abril del 2002. Las futuras sondas de la NASA serán vulnerables también.
