Centinelas Solares
En su libro Espacio (Space) (1970), James Michener describió una misión ficticia del Apolo en la que su tripulación pereció debido a la radiación de una masiva llamarada solar. La historia se basa en lo que podría haber sucedido de haber corrido con menos suerte: de hecho, una intensa llamarada ocurrió el 7 de agosto de 1972, justo entre las misiones Apolo 16 (abril) y Apolo 17 (diciembre), el último viaje de la humanidad hacia la Luna.
El evento aún resuena en la actualidad. La NASA se está preparando para enviar astronautas de nuevo a la Luna e incluso en viajes más largos a Marte. Con la tripulación "en el espacio" durante largos periodos de tiempo, "la probabilidad de encontrarse con una tormenta aumenta demasiado", comenta David Hathaway, físico solar en el Centro Espacial Marshall de la NASA.
"La opinión de los expertos sobre la llamarada de agosto de 1972 es de que la tripulación sobre la superficie lunar se hubiera enfermado de gravedad". O peor, pues el Dr. Lawrence Townsend de la Universidad de Tennessee y sus colegas calculan que las partículas de energía que provienen de una súper llamarada solar, como la registrada por Sir Richard Carrington en septiembre de 1859, podrían ser fatales.
No solo están en riesgo los humanos. La moderna electrónica en miniatura es mucho más susceptible a los daños por radiación que sus predecesores de hace 40 años. Un ejemplo reciente: la sonda japonesa Nozomi Mars fue incapacitada por un evento con intensas partículas energizadas que provienen del Sol, en abril del 2002. Las futuras sondas de la NASA serán vulnerables también.



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